De un certero bocado le arrebató el pincel
De un certero bocado le arrebató el pincel. Aquel cachorrillo era un revoltijo de pelos y ladridos alegres. Estaba más ágil desde que lo tenía, más viva, con más ganas de vivir, de salir a pasear. Había adelgazado, había vuelto a pintar y a cantar, a bailar y a reír. Sonó el timbre, el perrillo ladró alborozado y derrapando en la curva del pasillo llegó a la puerta. Ella abrió, y el la besó en los labios. El perrillo saltó a sus brazos.
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